Sacapuntas
El timbre de las 8
I
Desde la pandemia, el profesor César Labastida Esqueda carga una herida difícil de cicatrizar. Biógrafos no autorizados de sus desventuras han ido exhibiendo (como a la pareja infiel viralizada en el concierto de Coldplay) el Vía Crucis laboral y docente que ha padecido en diversas instituciones escolares y educativas.
En un panfleto marginal, titulado sarcásticamente “Sobrevivir y burlar la muerte con educación”, los autores insolentes han documentado, casi con precisión mensual, el camino tormentoso y dolorido de César Labastida, a partir de la condena que representó el confinamiento en casa por el virus del COVID19 y en el que no se suspendieron las clases, implementando sin ninguna consideración aulas virtuales, donde se improvisaron didácticas y pedagogías surrealistas a distancia, sin que las autoridades se hicieran responsables de una verdadera capacitación.
En ese trayecto de la pandemia, nos enteramos de cómo una institución educativa de nivel superior enloqueció cuando la comunidad universitaria intentó mantener la comunicación y las actividades cotidianas
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