Sacapuntas
El timbre de las 8
I
Ya estaba iniciando el nuevo año y el semestre en la universidad donde el profesor César Labastida labora por contrato hace años, luego de los jaloneos en el que un paro estudiantil, en forma ambigua, se estaba lamiendo heridas y degustando logros y dudosas promesas.
Después de una recalendarización sin muchas concesiones y de apretar el semestre (“para no perderlo y comenzar el siguiente con ánimos recargados y llenos de ánimo…”), el profesor Labastida recibió una designación con instrucciones irrefutables para el nuevo horario de cursos e impartición de las clases.
En uno de los salones más grandes, porque la lista determinaba 32 estudiantes y el curso de “Educación y Sociedad en América Latina” de 12:00 a 14:00 Hrs., llegó pasados varios minutos del mediodía, el resignado maestro Labastida cargando su portafolio. Los estudiantes en el aula no estaban esperándolo en silencio. Había un ambiente de tianguis en el que algunos alumnos platicaban y comían su almuerzo, sentados en las bancas. Otros charlaban de pie o
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