Traducción Gabriel Humberto García Ayala
Como corresponsal extranjero, me lanzaron gases lacrimógenos en Corea del Sur, policías ávidos de sobornos me detuvieron en una comisaría camerunesa y me secuestraron rebeldes marfileños borrachos, con el torso desnudo y músculos marcados, gafas de sol reflejantes y lanzagranadas. Pero nunca había sido sometido a las tácticas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Nadie me había tirado al suelo, ni golpeado en la cabeza con un objeto contundente, ni amenazado de muerte si no guardaba el teléfono. Así que, como observador veterano de países donde hombres armados abusan de su poder —el jefe del ICE, un tal Gregory Bovino es hijo de inmigrantes ilegales calabreses— estoy alarmado por lo que está sucediendo en Minneapolis.
Hemos insformado sobre las fuerzas de choque urbanas de Donald Trump. Hemos escrito sobre lo que sucede en Minneapolis, donde nuestro corresponsal ha estado viajando con manifestantes, temblando en la nieve y asistiendo a un evento del Partido Republicano donde algunas personas bromearon sobre matar a más "alborotadores". Entonces damos un paso atrás y nos preguntamos: ¿qué significa todo esto para la democracia estadounidense?
El presidente Trump está creando lo que parece una fuerza paramilitar. Como señala nuestro informe, los aspirantes a dictadores en otros países suelen crear fuerzas con una financiación generosa, al margen de la jerarquía policial o militar habitual, altamente partidistas y con autorización tácita para infringir la ley. Eso parece describir al nuevo ICE. Cuando matan a civiles, el primer instinto del gobierno es acusar a las víctimas de terroristas. Nuestro líder sopesa los riesgos. Puede que Trump haya optado por una retirada táctica, pero claramente le gusta la idea de desplegar hombres armados y con actitud para castigar a las ciudades que lo desafían. A menos que el Congreso lo frene, seguirá presionando para obtener más poderes. En noviembre, ¿habrá agentes del ICE fuera de los colegios electorales para disuadir a las minorías étnicas de votar? Que siquiera tengamos que plantearnos esta pregunta es impactante.
En cierto modo, los estadounidenses tienen suerte. Sus derechos a la libertad de expresión y de reunión son una poderosa protección contra la tiranía. Si los agentes del ICE no fueran filmados constantemente, ¿quién sabe cuánto más brutales podrían ser? El pueblo chino no goza de tales derechos. Su gobierno opera en secreto, dejando que todos los demás adivinen sus verdaderos objetivos. Nuestro reportaje de portada en Asia analiza el misterio que rodea la repentina y dramática purga del Ejército Popular de Liberación por parte de Xi Jinping. Cinco de los seis oficiales uniformados de su alto mando han sido destituidos desde 2022; dos han sido acusados de ejercer una influencia no especificada, pero "extremadamente vil". Todos se esfuerzan por comprender qué significa esto. ¿Es el ejército chino más débil de lo que parece debido a la corrupción? ¿Está el señor Xi a punto de rodearse de aduladores, que podrían no advertirle con franqueza sobre los riesgos de invadir Taiwán? Nuestros corresponsales hacen todo lo posible por arrojar luz sobre la turbia política militar china.
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