Sabemos que el arte, además de su valor estético, puede cumplir un propósito de denuncia de las injusticias y los horrores que atraviesan tantas sociedades. Franciso de Goya en una serie de cuadros y Federico García Lorca en sus poemas sobre la Guardia Civil española expusieron la crudeza y el dolor de la guerra en diferentes periodos de la historia de su país. Son muchas las películas dedicadas a presentar los efectos de diferentes conflictos bélicos, una constante en el devenir de la humanidad.
Las cintas más estremecedoras son las que muestran la guerra desde la mirada de los niños que la sufren. En los inicios del siglo XXI fue un tema recurrente en el cine. Recuerdo el conmovedor documental Promesas (Bolado, Goldberg y Shapiro: 2001) sobre el breve encuentro de niños palestinos y judíos en la franja de Gaza, que descubren que no son tan diferentes como piensan y que incluso podrían convertirse en amigos, si les dieran la oportunidad de convivir en paz; todavía siento el corazón oprimido cuando pienso en Las tortugas pueden volar, (Bahman Ghobadi: 2004) protagonizada no por actores profesionales, sino por niños huérfanos a causa de la guerra interna en Afganistán, que viven en precarios campamentos de sobrevivientes, entre los cuales hay un muchacho que se dedica a desenterrar minas antipersonales y venderlas en el mercado negro, pues ya ha perdido una pierna por haber pisado una, y con ello también ha conjurado el miedo a morir de un estallido. Aún me duelen los pequeños de Voces inocentes (Carlos Padilla: 2004), obligados a desarraigarse de sus familias y poblados para evadir la leva forzosa de los grupos de narcotraficantes. Seguro muchos lectores piensan con tristeza en la novela llevada al cine: El niño con el pijama de rayas (Mark Herman: 2008), cautivo en un terrible campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.
Con un enfoque similar al de esas cintas, en 2026 ha llegado a las pantallas de las salas mexicanas una película ganadora del premio del jurado en Venecia y candidata al Oscar como mejor película internacional titulada La voz de Hind Rajab. Se trata de lo que se llama un docudrama, es decir, la reconstrucción de un hecho real, de la manera más fiel posible. La película fue dirigida por la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania, quien admite que quiso trascender el fin artístico con el objetivo de influir en la conciencia pública y en los líderes que pueden poner fin a la guerra y el genocidio.
En la cinta se reconstruye una jornada de la Media Luna Roja: el 29 de enero de 1994 un hombre llama pidiendo auxilio para una familia que se encuentra atrapada en un auto, cerca de una gasolinera, por el acoso de un tanque del ejército israelita que ha ocupado una zona de Gaza. El operador Omar A Alqam logra contactar a una pasajera del auto, pero mientras intenta hablar con ella, escucha disparos y pierde la conexión, por lo que supone que todos los ocupantes han sido asesinados. Minutos después, le avisan que hay una sobreviviente, es una niña de 6 años. Omar consigue hablar con ella por un celular y solicita el apoyo de su supervisora Rana Hassan Faqih; entonces se desata una vorágine de reacciones emocionales para todos los implicados. El impacto de la película está en que la directora reproduce la grabación original de ese día, por lo que los espectadores escuchan la voz real, frágil y desperada, de la pequeña que ruega que vayan por ella. Quienes siguen la historia en la pantalla comparten la angustia, la impotencia y el enojo del equipo que intenta calmar a la niña, mientras busca obtener una ruta segura para que la ambulancia con los rescatistas pueda llegar a salvarla. Una maniobra que habría podido resolverse en minutos por parte de la Cruz Roja en Israel, requiere varias horas para que su homóloga la Media Luna Roja en Palestina pueda obtener paso franco hacia el punto donde se encuentra la menor. Los operadores despliegan todos sus habilidades profesionales y su sensibilidad humana para enfrentar esa situación desesperante, pero el desenlace es trágico.
La brutalidad y el sin sentido de la guerra no se ve en la película, pero se escucha y se siente. La voz de Hind Rajab representa todas las vidas apagadas por la violencia, la crueldad, la prepotencia y la codicia de un régimen genocida, así como por la indiferencia y la complicidad de los gobiernos supuestamente democráticos que podrían intervenir para detener el asedio y los ataques militares en Gaza, pero se mantienen al margen.
La directora también emplea videos tomados con celular y fotografías de los participantes reales del intento de rescate: el operador Omar A. Alqam, su supervisora: Rana Hassan Faqih, la psicóloga Nisreen Jeries Qawas, el encargado de la logística de las ambulancias: Mahdi M. Aljamal y de los propios rescatistas, que perdieron la vida en la misión. Observamos sus rostros desencajados, sus cuerpos exhaustos, sus gestos de dolor. Escuchamos sus voces trémulas y apagadas, somos testigos de su resistencia y tenacidad en el esfuerzo para salvar a la niña asustada, sola y consciente de que se encuentra entre los cadáveres de sus familiares, cuyas vidas han sido segadas sólo por el hecho de ser palestinos. Sin embargo, este terrible hecho pasó inadvertido para la mayoría de los medios de prensa y de televisión alrededor mundo, a pesar de la interconexión del mundo globalizado, como si se tratara de un incidente sin importancia. Gracias a la participación como productores ejecutivos de Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Brad Pitt y Alfonso Cuarón, la cinta logró una difusión internacional que favorece su reconocimiento como obra cinematográfica, pero, sobre todo, que permite la difusión global del mensaje para generar una toma de conciencia del público y una movilización para presionar a las fuerzas políticas, económicas y sociales que pueden terminar con el genocidio. La voz de Hind Rajab seguirá resonando mientras no se detenga esa ignominia.
Ficha técnica
Título original: Sawt Hind Rajab
Año de realización 2025
Duración: 89 minutos
Dirección y guion: Kaouther Ben Hania
Elenco principal: Saja Kilani, Motaz Malhees, Amer Hlehel, Clara Khoury
Director de fotografía: Juan Sarmiento G.
Diseño de producción: Bessem Marzouk
Edición: Qutaiba Barhamji, Kaouther Ben Hania, Maxime Mathis
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