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Lunes, Abril 20, 2026

Salgo de casa para enfrentarme al difícil tránsito cotidiano. La ruta que sigue el transporte se ha convertido en un caos debido a las obras que se hacen en los alrededores del estadio Azteca con motivo del próximo mundial de futbol: están reconstruyendo las banquetas, renovando el sistema de drenaje, cambiando el asfalto y podando árboles (ya me cansé de los gerundios). A lo anterior hay que agregar la construcción de la ciclo-vía que ha terminado por dificultar la circulación vehicular, ya que con ello se ha reducido el número de carriles.

Llego a la esquina que forman las avenidas Acoxpa y División del Norte para abordar una combi que me lleve a la estación Universidad del Metro. Sí, leyeron bien, todavía existen las combis, ese transporte incómodo, contaminante y obsoleto. Aunque reconozco que es un mal necesario. Pasan los minutos. Es imposible subirme a unas de esas unidades pues van con los asientos ocupados. Finalmente logro abordar el transporte esperado.

Encuentro un sitio junto a una persona de unos cuarenta años con evidente sobrepeso. A mi izquierda hay un sitio vacío muy estrecho y después otro pasajero. La combi sigue su marcha. A lo lejos veo a un posible pasajero, con las mismas características de la persona que ya cité antes. Cierro los ojos y rezó para que no se siente junto a mí, es inútil, cuando los abro veo con horror que su inmenso trasero está punto de aplastarme. Y sí, se sienta en ese pequeño lugar y en mi muslo y poco a poco se va deslizando hasta acomodarse completamente. Tuve que encogerme lo más que pude para que cupiera su enorme humanidad. Me siento como una rebanada de queso de puerco (soy un cerdo más en la piara de Epicuro, como escribió Horacio para definirse a sí mismo como alguien que busca el placer) en medio de un pan partido por la mitad.

El transporte continúa circulando y en cada frenada la mujer que tengo a mi derecha se incrusta en mi pobre esqueleto y yo me incrusto en las esponjosidades de quien va a mi izquierda. Solo pido a Dios salir bien librado de este trance. Y ahí estamos los tres sudando la gota gorda, es un decir por lo que a mí respecta.

Por otro lado, las obras a las que me referí anteriormente contradicen el concepto de que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta en un plano. Me explico: para llegar a una calle que, antes de las obras, tomaba aproximadamente dos o tres minutos, ahora deben emplearse quince minutos, debido a que debe rodearse el estadio Azteca. El viaje se hace menos difícil porque el conductor amablemente nos comparte sus gustos musicales, con los cuales esta vez estuve totalmente de acuerdo, ya que me remontaron a mis años juveniles. Y empiezo a escuchar los acordes de “Gina”, con los hermanos Carreón; después siguen César Costa, los Rocking Devils y su “Hey Lumpen”, Alberto Vázquez, los Rebeldes del Rock y Enrique Guzmán, entre otros.

Mientras escucho pienso en lo rápido que ha transcurrido mi vida, en los momentos difíciles y felices que he pasado, en las experiencias buenas y malas, en los encuentros y desencuentros, en las desapariciones de familiares y amigos. De pronto vuelvo a la realidad cuando me doy cuenta que la combi ha cambiado de ruta. Ahora circula por calles sinuosas y estrechas. El paisaje se ha transformado. Ahora hay casas que reflejan el gusto de cada propietario, supongo que pensando en lo que dijo aquel en el sentido de que gobernar no tenía ningún chiste, estas personas a su vez pensaron que “construir casas no tiene ningún chiste”. Así que veo construcciones muy extrañas, a las que me atrevo a calificar dentro de la corriente arquitectónica conocida como “brutalismo”. Por cierto, ¿ya vieron la excelente película El brutalista?

Y como en nuestro país todo el mundo hace lo que quiere, el transporte en el que viajo cambia nuevamente de ruta. Circula entre calles estrechas, bordeadas de casas y tiendas que muestran la precariedad de sus dueños. Finalmente llegamos a una esquina y los pasajeros descienden. Permanezco sentado porque no veo las instalaciones de la estación Universidad del Metro, hasta que el conductor me dice que ya hemos llegado. Desciendo y busco los letreros de la ansiada línea 3. Pregunto. Me señalan una estrecha callejuela. A los lados hay puestos de baratijas que impiden el paso libre de los peatones. Llego a una calle un poco más ancha cubierta de baches y colmados de agua pestilente. En un lado de la calle hay muchos puestos que venden alimentos, seguramente a precios económicos pues están saturados de comensales. Y entre esos puestos deambulan personas pidiendo limosna; otras personas drogadas, con la mirada perdida que caminan como zombies. Es evidente la pobreza de esta zona. Lo bueno es que según el oficialismo ya disminuyó la pobreza. En todo caso la están subvencionando. Otra mentira que solo los ilusos creerían, es que, según la propaganda, aumentó la clase media. Y en caso de que esto fuera cierto será porque quienes estaban por encima de esta clase, que por cierto es el centro del desprecio de la actual administración por su “aspiracionismo”, ya que no se conforman con tener un par de zapatos, han descendido de nivel debido a la crisis económica y al desempleo. Y mucho menos ascenderían el proletariado ni el lumpenproletariado (para usar el lenguaje de la izquierda trasnochada) al nivel de la denostada clase media.

Después de este paréntesis en mi narración, continúo. Finalmente abordo uno de los vagones del metro mientras en mi mente se mezclan las imágenes de lo que acabo de presenciar, junto con recuerdos de mi infancia y la letra de alguna de las canciones que escuché: “Me fui de viaje para ver si así, tú me querías como yo a ti, pero al llegar al pueblo en que nací…. “ “Tu cabeza en mi hombro, quiero yo tener siempre…” “Tal vez, esto no pase otra vez, sucede solo en los cuentos…” “Siempre, quiere me siempre, tanto como yo a ti. Nunca, nunca me olvides…”

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Josemari Sarasola
Antonio Gramsci
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Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández

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“pálido.deluz”, año 15, número 186, "Número 186. Cuando Culturas y Artes populares se vuelven Protesta, Esperanza y Alternativa. (Marzo, 2026)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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