Lo interesante del arte amazónico que se está consumiendo actualmente es que no se limita al tema de la alegría, el vacilón y la desfachatez como sucedió durante mucho tiempo, creo que la oferta actual incluye una mirada introspectiva, un reconocimiento de nuestros orígenes, un mensaje de respeto y conservación de la naturaleza y especialmente una cantidad de información sobre mitos, leyendas y otras “realidades” paralelas en las que conviven los amazónicos.
Christian Bendayan
En una comunidad próxima al río Amazonas en un Brasil selvático e incierto, Teresa vive sola, que es una mujer de 77 años y trata de llevar una vida tranquila. Sin embargo, por la aplicación de una política pública radical que trata de confinar a los ancianos a un asilo, para que el país pueda seguir creciendo económicamente, hace que ella quede como blanco perfecto de ese disparate.
Al sentirse amenazada, decide huir emprendiendo un viaje sobre una vertiente del Amazonas, en forma clandestina. Allí, se verá sorprendida por la naturaleza y por el conocimiento de una realidad totalmente desconocida para ella. Se trata de la película distópica O último azul (Mascaro, G, Brasil, 2024) que junta dos de nuestras obsesiones analíticas: la vejez y la naturaleza.
La forma en que son avisados los ancianos de que serán expulsados de su comunidad, recuerdan el método nazi al marcar las casas de los judíos; en este caso con un símbolo que colocan sobre las puertas de las viviendas de las personas mayores. Pero en esta operación lo disfrazan de homenaje con unas hojas que representan una corona de olivo de madera; y que también usaron los nacionalsocialistas en las Olimpiadas de Berlín. La segregación es la misma. La cinta es un guiño de lo que pueden ser las políticas implementadas por los gobiernos de cualquier color: absurdas; y que al implementarse resultan aberrantes, acríticas y con graves consecuencias.
A los ancianos, primero los llevan al asilo lejano, en una especie de perreras y después en un transporte colectivo masivo, sin la menor dignidad. Teresa era una persona autosuficiente y activa laboralmente, por lo que no está de acuerdo con la medida.
Se sube a un barco y el trayecto es una sumersión en una naturaleza ignota, tanto del entorno vivo y no vivo, con seres humanos llenos de conocimientos y sabiduría. Ella convierte esta huida en un viaje hacia la profundidad orgánica de la vida humana y de la naturaleza, de la que sabía muy poco y que la regresa a la vida, por las enseñanzas de seres fascinantes, desprendidos, solidarios, amistosos y llenos de recovecos existenciales, en el corazón de la amazonia en el sendero azul del siglo XXI.
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