Una tarde a la hora de compartir los alimentos, una de mis hijas me dijo “Mamá ¿cómo es? ¿pega y chicle?” mi otra hija se desternilló de risa y yo respondí “¡Chicle y pega!”. En mis clases también es común que, ante alguna lección, a mi parecer, nada condensa mejor lo visto en clase que un refrán. Lastimosamente he constatado que las nuevas generaciones ya no conocen los refranes. Por ello, encontré un tesoro al descubrir en la Biblioteca Alma de Puebla ¡Un libro ilustrado de refranes! que en palabras de mis hijas es “una joyita” . En familia disfrutamos este libro, y regreso a mi punto: ¡Yo, maravillada de tanta sabiduría ancestral y popular! Y ¡Ahora ilustrada! Ese es el ingrediente que considero le hace falta a los refranes y que sí tienen los memes.
Lo que me pregunto es: ¿Cuál fue el primer refrán?, ¿Cómo perduraron a lo largo del tiempo?, ¿Cuál es su futuro? Permítaseme expresar mis hipótesis:
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No hay documentado un primer refrán, pero al investigar se cataloga a los refranes como sabiduría cotidiana y yo agregaría sabiduría colectiva, sabiduría popular cotidiana.
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La oralidad de “viva voz” está perdiendo terreno frente a la oralidad (si es que así le podemos llamar) de los medios digitales. Explico mi punto, ahora el espacio de interacción para muchos son las plataformas digitales. En lugar de la calle, del mercado, del camión, de la plaza, de la iglesia (por mencionar algunos) ahora tenemos plataformas como Tik Tok y YouTube. Ahora la gente pasa tiempo ahí, escucha ahí y ahí no hay refranes ¡Según yo!
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¿Habrá que modernizar los refranes? Ahora son los memes y las expresiones que todo internauta requiere manejar y que ahí, al revés, mis hijas me dan cátedra y yo me quedo con cara de What?: funar, shippear, stalkear. Para mí estas frases se quedan en estar al día y usar la frase en tendencia mientras que los refranes reflejan sabiduría generacional y vivencial. En este contexto es que las nuevas generaciones requieren actualizar sus expresiones a riesgo de quedar excluidos, marginados, out. En estos términos podría decirse que los refranes son cosa de antes, de la gente mayor, de otra generación, de otra época, de otro soporte: el oral y el de la herencia de boca a boca.
A título personal los refranes eran lecciones cotidianas que las personas mayores daban a las generaciones jóvenes en un contexto de un suceso específico; sé que los memes también. La riqueza de los refranes en mi caso era de la autoridad moral de quien me los decía: mi madre, mis tías, algún docente y cómo éste se aplicaba a una situación personal propia. Actualmente me parece que las nuevas generaciones creen que todo lo saben con sus dispositivos móviles ya sea googleandolo o preguntándole a la inteligencia artificial y diría que en cuanto a datos e información ¡Sí! ¿pero qué hay de la sabiduría?
Ante la cuestión de ¿cómo la cultura puede cambiar a la sociedad? Me encantaría que se pusieran de moda los refranes, que nos apropiáramos de ellos tal como sucede con los memes ¿Por qué y cómo dejaron de ser expresión popular?, ¿Dejamos de actualizarlos?, ¿Dejamos de decirlos?, ¿Se quedaron rígidos en vez de flexibles y adaptables como los memes?
Recuerdo que cuando iba en cuarto grado de primaria estudiábamos una lección de refranes ¿Ya no se incluyen en los libros de texto gratuitos? No recuerdo que mis hijas me hayan referido o comentado al respecto. Tal vez sí y se saltaron esa lección en su escuela. Entonces esto tampoco es que asegure su uso y divulgación.
Aquí les dejo otro ejemplo más de esto que titulé cambio de soporte… Hoy por la mañana en el intento de dormir otro poco evoqué a mi mamá que me cantaba: “Dormir, dormir, que cantan los gallos de San Agustín ¿ya está el pan?” Así me lo repetí varias veces y la sentí cercana a mí. Ya despierta y haciendo mis actividades rutinarias matinales mi mente replicó el ritmo y la letra de una de las canciones de Taylor Swift. ¡Ahora mi mente repite de lo que está invadida, de lo comercial, del contenido al que los medios me exponen en lugar de los tarareos de mamá! Cuando mis hijas eran pequeñas y no había tanta tecnología les cantaba para dormirlas, para calmarlas, para llamarlas. Luego, la tecnología se fue colando en el auto, en la casa con Alexa, en los dispositivos móviles, en el servicio de streaming y he dejado de cantarles y hemos dejado de jugar rondas infantiles. Lo comercial, lo tecnológico, lo mediático, lo cómodo, lo práctico, lo de moda fue restando terreno a lo emocional, lo particular, lo individual, lo humano, lo personal. Nosotras dejamos de escuchar a Cri-Cri, cultura popular y ahora escuchamos a Taylor Swift mientras que otros niños escuchan en YouTube o dispositivos móviles La vaca Lola, Bartolito, Baby Shark, entre otras.
Los refranes como las canciones de mi infancia son evocaciones de mi niñez, pero ahora que mi mamá y mis tías ya no están han caído en desuso incluso por mí, a riesgo decía anteriormente de parecer arcaica, antigua, pasada de moda, complicada y rígida en lugar de divertida, relajada, buena onda, y easy-peasy como es el espíritu de los memes. Ustedes ¿qué piensan queridos lectores del otro lado de la pantalla?
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