Ser maestro en estos tiempos ya no sólo requiere de vocación y preparación, sino también de mucho valor, porque el docente pasó de ser líder de una comunidad a agachar la cabeza ante padres de familia y estudiantes con tal de salvaguardar su vida.
Parece que se trata de un mal chiste, pero se ha convertido en una realidad. Todos tienen derechos, menos los maestros, ya no se puede corregir al niño porque se violentan sus derechos humanos y ni hablar de colocarle una baja calificación que lo traumará irremediablemente de por vida, eso sin contar que el padre de familia llegará y tendrá el derecho de descargar su ira, frustración e incluso mal humor con aquel osado profesor capaz de requerir su presencia para hablar mal de su criatura.
Ojalá que en esos casos sólo se tratara de un padre o un alumno que vocifera hasta el cansancio, pero ahora corremos el riesgo de que se llegue a la violencia física sin que podamos hacer nada. Desde hace años se sugería entre colegas que nunca se citara a un padre de familia sin avisar para que al menos alguien estuviera al pendiente por si se escuchaban gritos, recomendando también que hubiera una mesa entre el padre y el maestro, de manera que le costara más trabajo lanzar un golpe.
Es curioso, porque al docente se le pide llenar una bitácora donde se detalle exhaustivamente lo sucedido, relatándolo de la forma más objetiva posible sin que intervengan sus propios juicios, cuidando hasta la más mínima palabra por temor a ser irrespetuoso con el alumno o su papá, pero a ellos se les permite gritarle al maestro hasta de lo que se va a morir o usar cualquier discurso altisonante sin que haya ninguna repercusión e insisto, ojalá todo quedara ahí, pero ahora corremos el riesgo de que al señor o a la señora le apetezca golpearnos o, como ha sucedido, privarnos de la vida sólo porque lo creen "justo".
Es increíble que en menos de un siglo el maestro haya pasado de ser un agente respetado en la sociedad para convertirse en un cuidador de niños y adolescentes, mientras trata de compartir aprendizajes útiles para su vida, esperando sembrar en ellos una idea distinta que permita pasar de vivir con miedo en una profesión de riesgo para volver a levantar la frente en alto y retomar su papel de agente transformador de la sociedad.
PDF