Señoras y señores, ladies and gentlemen, madames et
monsieures, amado público, amigos todos:
A qué engañarnos: éste es un papa singular
Un papa sin pompa ni circunstancia
Un papa que siempre se ha lavado los calcetines
Un papa que suelta lo que se le pasa por la cabeza
Un papa que se equivoca
Y la arma gordísima y acto seguido se corrige y pide
disculpas.
Javier Cercas
La resurrección de la carne y la vida eterna, la razón, la fe, la espiritualidad y el discernimiento son los hilos conductores del libro más reciente del escritor español Javier Cercas titulado El loco de Dios en el fin del mundo. También trata de aspectos más terrenales como las guerras, los migrantes, el sexo, el clericalismo y el cambio climático.
El libro lo escribió a petición de un funcionario del Vaticano. Después de pensarlo mucho dijo que aceptaría con una condición: hablar cinco minutos con el papa Francisco para preguntarle “si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte y llevarle la respuesta”. Aunque después él mismo se preguntó acerca de su elección para escribir un libro sobre el viaje que el papa hizo a Mongolia a finales de 2023, “¿por qué yo?: (si) Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz, un impío riguroso”.
El texto reúne una serie de entrevistas a funcionarios del Vaticano, vaticanistas, misioneras y misioneros y periodistas hechas antes, durante y después del citado viaje. Así que Cercas concreta sus voces para representar todo un tratado sobre el catolicismo y los aspectos relacionados con la fe y con la Iglesia, una institución que ha sobrevivido dos mil años, a diferencia de la caída de todos los poderes, todos los reinos y todos los imperios; de tal manera que la Iglesia católica sigue en pie: “esa promesa ha demostrado ser indestructible, más poderosa que todos los ejércitos juntos. Si yo creyera en milagros, creería que es un milagro”, afirma Cercas en su texto
Aunque el autor de El impostor no se considera periodista, lo disimuló muy bien con este libro, al que me atrevo a calificar como un reportaje magistral, una unión entre periodismo y literatura, abundante en metáforas, descripciones y pensamientos que tal vez disgusten a algunos lectores, pero no dejarlos indiferentes.
Cercas estaba tan emocionado con la escritura de este libro, que, al despedirse de su familia para emprender el viaje, que empezó en Italia, su esposa le espetó: “Ten mucho cuidado, no vayas a convertirte en un soldado de Bergoglio”.
Antes de entrar en la materia de su libro, y a manera de excusa por sus pensamientos acerca de la religión, Javier Cercas afirma que es escritor porque perdió la fe en su adolescencia, sobre todo cuando leyó San Manuel Bueno, mártir, una novela de Miguel de Unamuno, “donde se refiere la historia del cura de un pueblo, Valverde de Lucena, que ha perdido la fe y pese a ello continúa predicando la palabra de Dios a sus feligreses”. Y que para rematar la faena leyó a Friedrich Nietzsche y a Bertrand Russell.
A través de los funcionarios del Vaticano, Cercas se enteró de que en la Iglesia conviven muchos poderes, algunos muy fuertes y que es peligroso acercarse a ellos, que la Iglesia es una institución compleja: “Una Iglesia de izquierdas y de derechas, y “en ambas hay gente que critica al papa, que no está contenta con él. A unos les parece demasiado revolucionario y a otros demasiado conservador”.
En seguida un esbozo de la biografía del papa Francisco, quien nació en el seno de una familia católica de clase media-baja procedente del Piamonte, Italia. Fue el mayor de cinco hermanos. En 1956 ingresó en el seminario de Villa Devoto, donde se formaban los curas de la diócesis de Buenos Aires y donde lo apodaban el gringo, por sus rasgos de yanki y su estatura anglosajona.
Debido a que fue contemporáneo de la presidencia de Juan Domingo Perón en los años setenta del siglo pasado, muchos lo han criticado de peronista, época “de la que datan las acusaciones con fundamento contra la Iglesia católica de connivencia con la dictadura; y que desde ese tiempo persigue a Bergoglio la denuncia sin fundamento de haber facilitado o propiciado o tolerado el secuestro y tortura de dos jesuitas”.
Muchas páginas adelante, el autor de Los soldados de Salamina se refiere a la distancia entre el yo social y el yo personal, hecho que en Bergoglio es más acusada y que el responsable de ella no es Bergoglio, sino la papolatría, el culto a la personalidad que casi inevitablemente rodea al papa, presentándolo como un titán, como un dechado de virtudes incompatible con la humanidad del Bergoglio real; hecho frente a que el propio Francisco ha expresado lo siguiente: “Pintar al papa como una suerte de Superman me parece ofensivo. El papa es un hombre que ríe, llora, duerme tranquilo y tiene amigos como todos”.
Y Cercas expone una teoría acerca de esa duplicidad entre lo social y lo personal, que, como todos los papas, Bergoglio es un hombre que interpreta el papel de papa, aunque “eso no significa que sea un hipócrita, ni que exista un divorcio insalvable entre lo que interpreta y lo que es, entre Francisco y Bergoglio, entre el personaje y la persona, entre el rostro y la máscara”.
En el libro se habla de un concepto nuevo como la sinodalidad, expresión que quiere decir que la Iglesia católica esté más abierta a la gente. De igual manera Javier Cercas expone aspectos entre la ética religiosa y la ética laica y la diferencia minúscula y descomunal entre ambas; que la primera exige una justicia exterior, un premio o un castigo, “porque el ateo actúa bien porque actuar bien es mejor que actuar mal: “es en el propio hecho de actuar bien aquí, en el más acá terreno, donde el ateo halla su recompensa”. Y afirma contundente: “la ética atea es superior a la cristiana, pero también mucho más exigente que ella: es la ética de los fuertes, la ética rutilante del superhombre de Nietszche”.
El libro expone un lado oscuro del papa, hecho que demuestra su naturaleza humana, el cual se manifestó durante su juventud. Así lo testimoniaron algunos colegas jesuitas: “Bergoglio es un hombre de temperamento fuerte, que en aquella época practicó el autoritarismo, se dejó llevar por la soberbia y dio rienda suelta a su ambición de poder”. Esto provocó que lo condenaran al ostracismo durante dos años en Córdoba. Sin embargo, está situación lo llevó a “una purificación interior”; a un reconocimiento de errores, de batalla con sus propios demonios, de penitencia íntima.
“Tal vez fue entonces, añade Cercas, cuando empezó a manifestarse el Bergoglio actual y a vislumbrarse el Francisco futuro: no el Bergoglio que ha sido siempre, sino el que siempre había querido ser; sin duda fue entonces cuando empezó a convertirse en un dirigente auténtico. Ya que la cualidad de un líder, como escribió Platón, consiste en no querer ser un líder; al menos en el caso de Bergoglio, así fue: solo se convirtió en un líder de verdad cuando ya no buscaba ser un líder”.
Durante el vuelo a Mongolia, le permiten a Cercas hablar con el papa:
-Santidad, me llamo Javier Cercas y soy un español que quiere escribir un libro sobre este viaje, sobre usted.
-Sí, sí claro, me acuerdo -dice el papa, con quien había hablado en un encuentro con intelectuales en el Vaticano.
-Pero la verdad es que si he aceptado acompañarle hasta el fin del mundo no es para escribir sobre usted. Bueno no solo para eso. En realidad, lo que quiero es llevarle a mi madre un mensaje.
- ¿Un mensaje?
- Sí. Un mensaje suyo. Verá, mi madre tiene 92 años. Yo no soy creyente, pero ella sí. Muy creyente. Y está segura de que, al morirse, se reunirá con mi padre. Así que yo quisiera preguntarle a usted por eso. Quiero saber si es verdad que, después de muerta, mi madre va a ver a mi padre. Quiero preguntarle por la resurrección de la carne y la vida eterna. Y quiero llevarle a mi madre la respuesta.
Lo que le respondió el papa Javier Cercas tiene una grabación en video, misma que le mostró a su madre, quien falleció meses después. En esa grabación el papa le dice que la resurrección de la carne y la vida eterna son promesas. “Es la promesa del señor que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Así que con toda seguridad su madre verá a su esposo”
-Es extraordinario. Es un escándalo. Opina Cercas.
-Es un escándalo -admite él; luego, con el fatalismo de un viejo cura de pueblo, añade-: Pero es así: la promesa del Señor es ésa. Nos va a llevar a todos allá. Con Él. A todos. A su madre, a su padre… A usted también, aunque no crea. Eso a Él le da igual… Se encoge de hombros-. Qué le vamos a hacer. Son las cosas de Dios.
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