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Martes, Mayo 26, 2026

La docencia es, sin duda, una de las profesiones más comunes y, por lo tanto, una que recluta a una gran cantidad de personas en el sistema de nuestro país y en el mundo, la demanda de educación desde el preescolar y hasta el posgrado es una necesidad que debe ser saneada a consciencia. En este contexto, y a sabiendas de que, según datos de un estudio realizado por el INEGI del año 2021, en México existe un 5% de la población que se identifica como parte de la comunidad LGBTIQ+, lo que representa una suma que supera los cinco millones de individuos,1 no es de extrañar que un número significativo de personas de esta población se dediquen, precisamente, a la enseñanza.

Ahora bien, ello implica ciertos retos y preguntas que podría ser interesante plantear y debatir. Será relevante acotar que la convivencia y socialización en el salón de clases, los métodos, las reglas, temas y actividades son sumamente distintos dependiendo del grado y nivel de estudios y también de la edad de les estudiantes. Pues dicho sea de paso, hay que recordar que también existe educación básica para adultos o estudios avanzados para infancias destacadas. En todo caso, la figura del docente sigue siendo central en el aprendizaje de la población, sobre todo como mediador y evaluador del conocimiento, además de que en ocasiones trasciende la labor meramente educativa y se convierte también en una especie de guía y ejemplo para sus alumnes.

En este contexto, puede que sea importante preguntarse, ¿qué tan seguros se sienten les profesores para expresarse libremente dentro del aula con respecto a sus identidades queer? Si bien es cierto que en el salón no se va a hablar de manera directa de la vida de los docentes, no queda duda de que la persona que está frente a un grupo con todo lo que es y con todo lo que tiene influye en la manera de enseñar y mediar los contenidos.

Yo mismo he sufrido esa disyuntiva, ¿salir o no del clóset impuesto por la sociedad frente al alumnado? Para contestar la pregunta, además de la edad, el grado y el tipo de institución a la que se pertenezca (hay que recordar que la educación privada puede ser de corte religioso y dicha situación no es de menor relevancia para esta clase de temas) tendríamos que tomar en consideración algunos otros aspectos, aunque hay que tener presente que hablar abiertamente en torno a la orientación sexual o identidad de género es un derecho que tenemos todes y somos libres de ejercerlo o no, es decir, se tratará de asumirse libre y voluntariamente.

Para encuadrar estas reflexiones, realicé una serie de sondeos cualitativos en el salón de clases y en encuestas digitales para guiar de manera un poco más certera las consideraciones aquí expuestas, por supuesto, no con el fin de hacer una estadística completamente objetiva, sino más bien invitar a la discusión a través de estas palabras y dilucidar un poco más claramente la realidad de la docencia no heterosexual.

En términos generales, encontré que la gran mayoría de las personas que participaron respondieron que no tuvieron ningún profesor, profesora o profesore abiertamente LGBTIQ+ durante su educación básica, es decir, desde el kínder y hasta la preparatoria. En el ámbito universitario las respuestas cambiaron un poco, y aproximadamente la mitad de las personas participantes dijo recordar aunque sea a un/a/e docente fuera del clóset.

También es importante destacar que los pocos que contestaron que sí tuvieron profes fuera del clóset en la educación básica lo eran, esencialmente, de dos materias: inglés (o algún otro idioma como francés o alemán) y artes (dígase: dibujo, danza, artes visuales, música, etc.) Lo anterior llamó poderosamente mi atención y abrió una nueva pregunta en mi cabeza, ¿qué relación tienen esas dos ramas del conocimiento con las poblaciones LGBTIQ+ en la docencia?

Tomando en cuenta lo apenas expuesto, se puede llegar fácilmente a la reflexión de que la problemática no es menor. Como ya se mencionó, se trata de un derecho que podemos ejercer o no, pero toda la población de la diversidad sexogenérica tendría que poder tener las condiciones necesarias, tanto de seguridad como de aceptación social para poder ejercerlo.

El elefante en la habitación, en este caso, es la existencia de este gran clóset en el salón de clases, sobre todo en niveles básicos, pues se tiene la falsa creencia de que les niñes y adolescentes no tienen la capacidad de procesar la información relacionada con las poblaciones LGBTIQ+. Por eso mismo mi sondeo dirigió una pregunta acerca del nivel básico, pues, al parecer, los padres de familia y las directivas escolares siguen presentando fuertes resistencias para que les docentes puedan hablar o manifestar de manera directa su identidad u orientación diversa.

Aquello que no es mostrado, que es secreto, que está oculto o se desconoce, causa miedo y resquemor, por ello, no debemos escatimar en los esfuerzos por terminar con el silencio acerca de nuestras identidades, pues el ocultamiento de cualquier realidad solamente daña nuestra percepción de todo lo que nos rodea.

Ahora bien, es verdad que la invisibilización a la que se nos ha obligado, ha quedado cada vez más diluida, ya que hay esfuerzos por parte de los medios de comunicación de incluir en sus productos culturales a personajes pertenecientes a algunas de las letras del acrónimo de la diversidad y dicha situación ha contribuido de cierto modo para ir, de a poco, viendo a estas poblaciones como comunes y corrientes y que, simplemente, presentan cierta característica.

Parece ser que el camino hacia la normalización, aceptación e integración de toda la población consiste en un cambio de paradigma de pensamiento desde la niñez. Mirar a distintos tipos de personas frente al grupo en el salón de clases puede significar observar también un poco de la realidad del mundo, es decir, tener docentes de cualquier origen étnico, social, religioso y, por supuesto, de orientación sexual e identidad de género, puede tener un impacto positivo para las infancias en su mirada hacia el otro y para estudiantes de niveles superiores que viven su adolescencia y temprana adultez será también una preparación para el mundo real en el que tendrán que tratar y convivir con todo tipo de personas. Finalmente, respetar a toda clase de gente es la base para construir sociedades más incluyentes, tolerantes y armoniosas encaminadas a la búsqueda del bien común y, claro está, para encontrar la verdad, ¿no es así?, ¿o para qué se inventó la escuela, entonces?

1 INEGI, 2021: <https://www.inegi.org.mx/tablerosestadisticos/lgbti/> (Consultado en noviembre de 2024).

Sacapuntas

Mario Patrón

El timbre de las 8

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández
“pálido.deluz”, año 15, número 180, "Número 180. Aniversario Pálido punto de luz. (Septiembre, 2025)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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