¿Cuál es el papel del docente en este nuevo escenario?
Gabriela Sadurní D’Acri
¿Cómo era antes?
En el, ahora lejano, siglo XX, donde aprendieron a escribir los maestros que hoy enseñan, y muchos de los que escriben libros, y para los Medios de Comunicación, había materias específicas en los bachilleratos y universidades diseñadas para tal fin: Lectura y Redacción, Investigación Documental, Expresión Escrita, o como se les llamara en cada institución. En ellas se ligaban, lógicamente, las actividades de búsqueda de información o investigación con la escritura, porque finalmente sobre “algo” había que escribir. Se enseñaba a tomar apuntes, a hacer fichas bibliográficas, a sacar las ideas principales, a resumir, a hacer fichas de contenidos por temas, a clasificar y jerarquizar información, y por supuesto, en los mejores casos, a delinear el texto nuevo por medio de un esquema, un mapa mental o por lo menos un croquis que reflejara las ideas por exponer.
Los templos sagrados ideales para realizar las pesquisas eran las bibliotecas, o si existían en el entorno, las hemerotecas. Allí estaba guardado el conocimiento, en esos solemnes y silenciosos espacios, a los que no todos tenían acceso, porque había que ser miembro, tener una credencial que acreditara a uno como individuo digno de acceder al conocimiento, y cumplir con reglas de uso y de comportamiento del lugar. Esos santuarios del saber, que tenían el don del acopio de volúmenes, eran el hogar de todos los contenidos existentes, o por lo menos accesibles en un lugar dado, y se acudía allí para investigar, es decir, a ver qué se podía encontrar para luego generar la alquimia necesaria y conseguir escribir el trabajo final, la tesis, un artículo, un ensayo, una ponencia, en fin.
Por supuesto que no solo allí se podía escribir, prácticamente en cualquier parte podía uno ejercer ese derecho, bastaba tener papel, pluma y una mesa, quizá una máquina de escribir. Hacia finales del siglo, ya había quien contaba con una computadora personal para cumplir con la tarea. Al principio esas computadoras eran solo unas super máquinas de escribir. Podías borrar sin que se notara, cortar y pegar pedazos de texto fácilmente, párrafos o páginas completas, más adelante hasta insertar imágenes, se guardaba todo en un Floppy Disk y se llevaba luego a imprimir. Quienes solíamos escribir a máquina sabemos lo valioso que fue contar con estos nuevos aparatos, pero no soñábamos, ni en las más atrevidas fantasías, lo que vendría en poco tiempo con la llegada de Internet.
Los primeros cambios
Internet fue una revolución, total y completa, ya lo han dicho muchos, una innovación equiparable a la imprenta de Gutenberg en su tiempo. No es el tema específico que nos atañe y además requeriría mucho tiempo y espacio entrar en ese análisis comparativo, por lo que aquí mencionamos solo de paso este cambio, precursor del que nos ocupará más adelante en este artículo: La Inteligencia Artificial (IA).
Los motores de búsqueda, al inicio lentos y bastante limitados, trajeron el primer cambio sustancial en cuanto a la búsqueda de información. Las computadoras personales, que cada vez aumentaban su capacidad de almacenar y confrontar datos e información, fueron el siguiente paso definitivo que dio el golpe mortal a las bibliotecas. No dejaron de existir, ni los libros desaparecieron, como predecían algunos catastrofistas, pero sí comenzaron a alternar y a disputarse el lugar con los textos y archivos digitales que eran accesibles al momento y allí mismo en la pantalla, para ir perdiendo poco a poco su lugar preponderante en los escritorios de los alumnos, los periodistas, los maestros, y los escritores de todos los géneros. Internet nos acercó el mundo soñado por los constructores de la Torre de Babel y lo juntó con la ambición de la Biblioteca de Alejandría de abarcar todo el conocimiento humano existente. La era de la información lo volvió todo accesible con el toque de una tecla. Se decía incluso, y se dice, que cualquier conocimiento, contacto, o información están a tres pasos de distancia, a tres niveles de búsqueda, a tres escalones de indagación dentro de la extensa, intrincada, pero a la vez, accesible red mundial de información.
La escritura cambió. La búsqueda de información cambió. ¿Y los maestros que enseñaban a investigar, a redactar, a escribir qué hicieron? En primer lugar, muchos corajes, porque los alumnos llegaban con tareas “copiadas” de Internet. Wikipedia y las otras tantas fuentes sustituyeron a las enciclopedias, la biblioteca y las estampitas de la papelería. ¿Cómo enfrentaron el reto los programas curriculares y los docentes? La educación, como en general las instituciones, no cambian al mismo ritmo que los tiempos, y mucho menos a la velocidad del avance tecnológico. Hubo de todo, como siempre pasa. Los conscientes y adelantados, que encontraron la forma de aprovechar de algún modo el nuevo medio, los que fueron sobrellevando la situación más o menos como pudieron sin enseñar nada nuevo a sus estudiantes, pero tampoco rechazando por completo la nueva tecnología, y los que se resistieron, la satanizaron y le cerraron las puertas. Aunado a esto, se presentó un nuevo fenómeno nunca experimentado antes: los alumnos, en la mayoría de los casos, se hicieron más hábiles que sus profesores en el manejo de las máquinas, los programas y las aplicaciones. Las nuevas generaciones nativas digitales superaron pronto a los viejos migrantes digitales en el uso y aprovechamiento de esos recursos. Todo esto sucedió gradualmente en el arco de treinta años; desde los noventas del siglo pasado y durante los primeros veinte del nuevo siglo. Hasta que llegó la IA, que se hizo accesible a todos en plataformas como ChatGPT, por mencionar la más conocida.
¿Cómo es ahora?
Ahora no solamente tenemos la Biblioteca de Alejandría digital en todos los idiomas y accesible en dispositivos móviles, con Internet satelital si fuera necesario, sino que contamos con un interlocutor que tiene todos esos archivos ya cargados en su interfaz inteligente, posee la capacidad de encontrar, clasificar, jerarquizar, comparar y redactar la información perfectamente en pocos segundos y de proporcionárnosla de forma escrita o verbal según lo solicitemos. Es capaz de establecer un verdadero diálogo con nosotros. A la luz de esta nueva situación, puesta a disposición del público el 30 de noviembre de 2022 (fecha de lanzamiento de ChatGPT) cabe preguntarse ¿Cómo se escribe hoy un texto original? Y ¿Qué papel juegan en ello la escuela y los docentes?
Si uno revisa el sitio, lo primero que anuncia, desde el motor de búsqueda, antes de entrar a la página, es “Pídele ayuda a ChatGPT, puede recomendarte un libro, escribirte un poema o ayudarte a planificar tu viaje.”
Como migrante digital que soy, no pretendo tener los conocimientos técnicos ni la destreza ni la autoridad suficiente como para teorizar sobre el fenómeno de la IA. Intentaré situar el punto en que se encuentra respecto a la creación de contenidos y a partir de ello aventurar algunas interrogantes y alternativas para el ejercicio docente. La interfaz es tan amigable que prevé que hasta yo pueda utilizarla de manera creativa. Se auto define como: “(Soy) un modelo de lenguaje desarrollado por OpenAI. Mi tarea principal es ayudarte con lo que necesites: responder preguntas, generar texto, ofrecer consejos, tener conversaciones y más. Mi conocimiento abarca muchos temas, aunque no tengo emociones ni conciencia, y no tengo acceso a información personal a menos que me la compartas.” Menos mal, por lo de la información personal.
Le pedí que me explicara lo que debo entender por “modelo de lenguaje”. Su respuesta fue:
“Un modelo de lenguaje es un sistema de inteligencia artificial diseñado para procesar, entender y generar texto en lenguaje humano. En otras palabras, es un programa entrenado para "aprender" patrones en el lenguaje a partir de grandes cantidades de datos, como libros, artículos y conversaciones, con el objetivo de generar respuestas coherentes y relevantes a preguntas o solicitudes.
El término "modelo" se refiere a cómo el sistema utiliza esos datos para hacer predicciones sobre el siguiente elemento en una secuencia de texto, como una palabra o frase. En mi caso, fui entrenado en una gran variedad de textos y, cuando tú me haces una pregunta o pides algo, analizo las palabras que usas y genero una respuesta basándome en el contexto y la información que he aprendido.
Por ejemplo, si me preguntas sobre un tema específico, uso el conocimiento que adquirí durante mi entrenamiento para brindarte una respuesta que tenga sentido. No "sé" ni "entiendo" el mundo de la manera que lo haría una persona, pero soy capaz de ofrecerte información y generar texto de manera que parezca natural y útil”
Allí queda entonces explicado por qué supera a las bibliotecas y, por lo pronto, pone en jaque a la figura del docente. El desarrollo informático anterior echó a andar el proceso desde los años noventa del siglo pasado y ahora estamos frente a su culminación. Me corrijo, no sé si sea la culminación, o más bien un punto clave, de no retorno, para el sistema educativo imperante, y no imagino lo que pueda venir más adelante, así como no imaginé el advenimiento de Internet cuando empecé a teclear en una PC. Dejemos ese terreno a la Ciencia Ficción, que lo hace muy bien.
Crear contenidos con ChatGPT
No pretendo, aunque me encantaría, encontrar en este breve ensayo la jugada magistral para escapar del jaque mate docente. Compartiré un ejemplo que ilustrará cómo usan los jóvenes la IA para generar contenido. A partir de él intentaré dilucidar si hay lugar para un docente, en qué momento del proceso y qué características podría tener.
El ejemplo viene de una red social muy popular, TikTok. Es un video que dura poco más de tres minutos, de una joven norteamericana (@misstryingtomoveon) que toca temas muy interesantes, lúcidos, propositivos y bien escritos que ella llama micro speeches. En un momento dado, decide revelar su secreto, hacer una explicación sobre cómo crea sus videos porque está confundida, podríamos decir que tiene un cierto escrúpulo que no puede resolver, y este video es algo como una confesión que seguramente la liberará de la culpa que pueda sentir.
En cuanto a mí, como dije antes, una migrante digital, formada en Comunicación y Lingüística, que ha dedicado la vida profesional a la enseñanza de la lengua extranjera y materna, a la reflexión sobre la lectura, la comprensión de contenidos, la creación de textos, sin mucho conocimiento de la IA, debo decir que esta chica me abrió la mente a un mundo nuevo y desconocido, a posibilidades inimaginadas para acceder a información nueva y relevante, pensar, reflexionar, cuestionar, replantear y, por supuesto, generar textos.
¿Cómo lo hace? Sus videos duran de 2 a 5 minutos en los que sencillamente se presenta ella hablando, como lo hacen los influencers de ahora, sin cortes. Ella misma explica que desmenuza grandes conceptos filosóficos o culturales “rociados de sabiduría” y los lee en un telepromter a partir de un guion. El asunto interesante es cómo obtiene este guion.
Entra en ChatGPT y comienza un diálogo, aka dialogic thinking, sobre cualquier tema filosófico que le interese. Por ejemplo, preguntaría: ¿Cómo crees que se manifiesta la desesperación en la cultura actual del 2025? ChatGPT hace una “inmersión profunda” para ofrecerle una respuesta. Cualquier resultado que ella considere “salvajemente verdadero” lo copia y lo pega en un documento aparte. Después continúa el diálogo con ChatGPT desmenuzando las respuestas originales a sus preguntas, profundizando cada vez más en el concepto con preguntas creativas, contradicciones y cuestionamientos al mismo GPT sobre si está seguro de lo que dice. Examina minuciosamente las respuestas adicionales que le da, las copia y pega en otro documento en blanco recopilando todo cuidadosamente hasta que ella siente que ha llegado a un entendimiento cohesionado del concepto. Una vez copiado todo lo que considera “jugoso” de su diálogo con ChatGPT, lo convierte en un documento PDF y se lo devuelve íntegro pidiéndole que lo convierta en un guion de dos minutos para TikTok. El documento que obtiene, lo revisa y afina hasta que suene como algo que ella realmente escribiría, luego lo copia y pega para verbalizar en el telepromter y lo comparte con el mundo.
Confiesa entonces que a ella no se le ocurrieron combinaciones como: ‘estreñimiento emocional’, ‘rumbas tristes’, ‘ciudadanía espiritual’ pero quedó impresionada cuando las vio en el guion que le produjo ChatGPT, aunque después le surgió la duda: ¿Esto es mío? ¿Es de la IA?
Ella misma se responde: La IA no habría creado estas combinaciones si no hubiera contado con el input de mi diálogo único, sin embargo, yo no creé el resultado. Se pregunta si está plagiando o si está cocreando. Lo más curioso, explica, es que cuando no usa este método para sus micro speeches, fracasa, la gente deja de escucharla. Ella lo atribuye a que es neurodivergente -como lo somos todos- porque es desordenada, llena de tangentes, y no siempre es poética cuando habla. En resumen, le cuesta trabajo expresar sus ideas, ponerlas en palabras. Concluye diciendo que hace el video de toda esta explicación, porque está confundida respecto a todo esto. Y confiesa por escrito: “Me importa tanto expresar algo real que usaré cualquier herramienta que pueda para lograrlo.”
¿Qué se puede hacer en las aulas?
Ahora bien, libros y bibliotecas quedan marginalizados ya por su misma naturaleza material, conseguirlos o trasladarse a ellas es algo que no resulta práctico. En cambio, todo el mundo posee un celular, y muchos una computadora, además se vuelve cada vez más común el acceso a una conexión estable de Internet. Eso ya permite dialogar con ChatGPT que contiene una cantidad de información que ningún cerebro humano puede contener, la entrega en un formato perfectamente comprensible, con sentido y que respeta todas las reglas de la producción de textos. El acceso a la información está resuelto. Para generar un texto nuevo, desde el mismo celular, o en una computadora se copia y pega en un documento nuevo. Tareas que se aprenden hoy en día en la primaria.
Para la lecto-escritura esencial, que se adquiere en el primer grado de primaria, nos parece necesario todavía el maestro. El estímulo y la motivación hacia la lectura en ese punto siguen siendo un reto crucial, la alfabetización digital de los niños puede jugar un papel muy relevante al incitar el desarrollo de esta habilidad simplemente para tener acceso a todo lo que promete la computadora o la tableta, pero estas pueden ser también un gran distractor.
Pasada esta etapa inicial la práctica de ambas habilidades debe ser promovida todavía por los docentes. Sucedía antes, y seguirá sucediendo, que la profundidad de comprensión del contenido y la destreza en la escritura dependerán de cada individuo, pero hay mucho que se puede hacer a nivel escolar para conseguir mejores resultados. A mayor exposición a input verbal, tanto oral como escrito, mejores resultados en la comprensión. A mayor incitación a la producción con actividades creativas y motivantes, mejores resultados en la escritura.
La situación se torna más interesante en los niveles medios y superior donde los estudiantes acceden de manera independiente a la información y poseen habilidades digitales suficientes para mantener un intercambio dialógico con la IA. Los sistemas, siempre más amigables, y la predisposición positiva de los jóvenes a esa interacción reemplazan al docente rápidamente en el adiestramiento al uso de los dispositivos. Los encontramos, entonces, comunicándose con un “supercerebro” que les arroja textos, orales o escritos, ya confeccionados. ¿Se puede seguir llamando a esto investigar? ¿Y se puede seguir considerando el resultado como un texto propio?
Este es justamente el escrúpulo que confunde a nuestra amiga tiktokera. La respuesta que ella misma encuentra y con la que coincidimos es, sí, parcialmente. Veamos por qué. En cuanto a la búsqueda de información, efectivamente realizó un trabajo personal de crear una pregunta significativa, y luego uno de profundización, haciendo un análisis de las respuestas y una selección de la información relevante, para ahondar aún más en los detalles y pormenores del tema investigado. El mérito es suyo.
¿En cuanto al rol del docente? En este estadio del proceso, el de la recopilación de información relevante, consideramos que hay espacio para él. Puede acompañar y guiar a los estudiantes en las búsquedas en un primer momento, y en un segundo, tercero, cuarto y cuantos hagan falta, en la creación de nuevas preguntas que los lleven a profundizar el tema. Hay espacio también para la discusión y el análisis de la comprensión y la interpretación de las respuestas de ChatGPT. Es decir que no nos hemos apartado de la necesidad de comprender el mensaje, ni de llevar a cabo procesos más complejos como la lectura crítica. Lo que ha sucedido es que los mensajes ahora se producen de forma inmediata y las reacciones y reformulaciones son la tela sobre la cual bordar. La puntada, el color y grosor del hilo serán muy variables y producirán resultados diferentes. Sobre esas diferencias se puede trabajar en el salón de clase, se pueden hacer comparaciones, valoraciones y evaluaciones de la información y del nivel de verdad o pertinencia que esa información, obtenida de la máquina, presenta para tal o cual situación.
Recordemos lo que el mismo ChatGPT me respondió y cité arriba: “soy capaz de ofrecerte información y generar texto de manera que parezca natural y útil” ¿Qué parezca natural y útil? ¿No necesariamente que lo sea? Cabe la pregunta: ¿Será información verdadera? ¿O solamente creíble y bien escrita? Podríamos entrar en una amplia discusión y disertación, en otro espacio, sobre la veracidad, la credibilidad, la ficción social y temas afines. Por ahora queda planteada como área de profundización y verificación también para el análisis en el salón de clase.
¿Y en relación a la escritura? Me parece que será difícil superar a la IA, en velocidad, en precisión, en el manejo de la lengua y riqueza de vocabulario, incluso en cierta capacidad creativa, pensemos en las combinaciones que sorprendieron a la chica de nuestro ejemplo ‘estreñimiento emocional’, ‘rumbas tristes’, ‘ciudadanía espiritual’. Será necesario indagar más a fondo sobre los tipos textuales (narración, descripción, exposición, argumentación) y los géneros discursivos (noticias, instructivos, poemas, novelas, recetas etc), pero en principio, al ser ChatGPT capaz de transformar una lista de aseveraciones en un guion de una extensión precisa, la duda persiste. ¿Podré alimentarlo con un diálogo, o la narración de un conflicto interpersonal y pedirle que lo transforme en Obra de Teatro?
En cuanto al estilo, a la manera única que tiene un autor de expresar sus ideas utilizando la lengua, me parece que también queda espacio de intervención, ya sea de un docente o incluso de un corrector de estilo. Nuestra amiga tiktokera refiere que revisa y corrige el guion producido por ChatGPT hasta que quede como algo que ella hubiera escrito. Estamos ante una persona que ya es consciente del estilo en la escritura y con una sensibilidad suficiente para reconocer el suyo propio. Estudiantes experimentados, periodistas, escritores, poseen esta habilidad, no así muchos de los alumnos de los niveles medio, e incluso superior de nuestro sistema educativo.
En conclusión: grandes desafíos para todos
Para concluir me gustaría dejar la idea de que no solamente en el terreno de la lengua la IA nos enfrenta a grandes desafíos. Prácticamente todas las áreas del conocimiento se encuentran en la misma encrucijada. En el área del diseño arquitectónico, por ejemplo, es posible pedirle un proyecto para una casa dando las medidas del terreno, la inclinación, orientación y los requisitos que tenemos: Quiero una casa de 200 metros cuadrados, con tres recámaras, tres baños, área de lavado, estacionamiento para dos coches, jardín, y solicitar opciones en una, dos o tres plantas. En muy poco tiempo arroja tres o cinco planos diferentes de cada tipo para que uno pueda escoger, o proponer modificaciones. La distribución de las recámaras de una con la entrada y la cocina de otras, por ejemplo. Los docentes de arquitectura también tienen que ver qué hacer con esta poderosa herramienta.
En la enseñanza de la lengua, como en cualquier área del conocimiento, la creatividad e inventiva son el límite. Hemos identificado huecos donde todavía es posible moverse ante esta poderosa y contundente tecnología. Queda en las manos de los creadores de currículos, elaboradores de programas y materiales didácticos definir objetivos concretos y desarrollar actividades de aprendizaje apropiadas, motivantes y significativas para los estudiantes. No es un desafío menor, pero parece posible, y habrá que enfrentarlo pronto porque la tecnología no espera, cambia día con día.
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