Como todos los años, desde hace casi treinta, la cartelera en las salas cinematográficas nacionales tiene un pequeño oasis. Un baño de imágenes, sonidos e historias que sirve para sanar y refugiar a los espectadores, obligados por las cadenas cinematográficas a padecer cine de acción norteamericano, comedias livianas, películas sobre narcos y/o animaciones gringas.
En esta ocasión en Mentes peligrosas mostramos dos ejemplos de las cintas que llegaron con el 29 Tour de Cine francés, que nos hacen expresar: ¡Qué alivio! Son películas que apuestan a sumergirnos en trozos del alma humana desconocida o evitada para nosotros, sea por vericuetos profesionales o por cotidianidades en la vejez, resquebrajadas por huellas del pasado.
1.- El acusado ¿incertidumbre real o verdad jurídica?
Un abogado maduro, Jean Monier, descansa tomando una copa con su pareja, una noche. A ella, también abogada, le piden por medio de un telefonazo que vaya a hacerse responsable de un caso como defensora de oficio. Ella está a punto de aceptar, cuando él la persuade de no ir; que él irá. Entre ellos hay dudas, porque Jean es un gran abogado penalista, pero con un caso en su pasado que lo marcó profesionalmente.
Este es el arranque de la cinta El acusado (Auteuil, D. Francia, 2024), que vuelve a poner en el centro el abismo entre la verdad jurídica y las incertidumbres de la realidad.
El caso es el asesinato de una mujer, cuyo principal sospechoso es su esposo, Nicolás Milik, que parece ser un buen padre y que lo están incriminando. Jean se convence rápido que Nicolás es inocente, por elementos como el carácter del acusado y por la vida problemática de la esposa alcohólica, y que con frecuencia termina en la banca del pueblo después de ingerir bebidas, olvidando a sus cinco hijos y el esposo.
Como buena cinta sobre juicios, la verdad discursiva y jurídica enfrenta a fiscal, defensor y juez en una tensión permanente, en la que el espectador acompaña al abogado en sus búsquedas y su tejido de evidencias que respaldan su certeza. Pero la realidad suele ser más compleja que la aproximación legal, cosa que se repite una y otra vez en el intimista cine francés contemporáneo, en filmes como: El adversario (2002); Anatomía de una caída (2023) o Cuando llega el verano (2024), que también abordaremos.
Daniel Auteuil, aquí como protagonista y realizador. Su experiencia actoral tiene una larga filmografía desde los años setenta del siglo pasado, en películas en las que destacó como: El octavo día (1996); Salir del Closet (1999); La chica del puente (2000); El adversario (2002) y Adios Monsieur Haffmann (2021) entre muchas en las que ha recibido premios y distinciones. Como director con esta película, El acusado, llega a participar en el Festival de Cannes.
2.- Cuando llega el otoño o las diferentes verdades
A François Ozon le debemos cintas como 8 mujeres (2002); Frantz (2016); Verano del 85 (2020). Es considerado una figura importante en el cine contemporáneo francés.
Cuando llega el otoño (2024) es su más reciente obra. Cuenta la vida pacífica, tranquila y hasta sustentable, de una mujer adulta mayor llamada Michelle. Nos va detallando que lleva su existencia en una pequeña casa en la zona rural de Borgoña. No es de ahí, pero se siente feliz en ese pueblo, con esa vida que pasa por ir a la iglesia, leer por las noches, recoger hongos comestibles, cocinar; y se acompaña con su amiga desde hace muchos años, llamada Marie-Claude.
Las dos tienen hijos: Michelle tiene una hija, Valérie, con la que no tiene buenas relaciones, pero es madre de su nieto Luca, con el que se lleva de maravilla. Michelle espera la llegada de Lucas, que vive en Paris, para pasar el verano juntos. Existe una tensión con la hija porque no le perdona a su madre aspectos de su pasado. El hijo de Marie-Claude está en la cárcel, lo van a visitar, pronto saldrá, aunque su madre duda que se corrija.
Luca no pasará el verano con su abuela por una cadena de infortunios (cuando llegan hija y nieto, les da de comer hongos ─recogidos por ella y su amiga en un bosque cercano─ y Valérie enferma, por lo que la madre queda como sospechosa al querer asesinar, aparentemente, a su hija); infortunios que rozan, otra vez, la posibilidad de delitos o incluso crímenes, de los que nadie está muy seguro y en los que las verdades lisas y llanas no parecen existir ante los torzones de una realidad compleja y con frecuencia ambigua.
En Paris sucede una desgracia, Valérie cae desde del balcón de su departamento y muere, este acontecimiento hace que las cosas se precipiten, porque los hechos también son ambiguos, susceptibles de múltiples lecturas y acciones.
Habría muchas cosas que analizar en esta cinta, por ejemplo:
1.- El amor de Michelle a la vida, la naturaleza, a su amiga, a su hija y nieto.
2.- La posibilidad de creer en el otro, da darle una segunda oportunidad solidaria a alguien para que se reinvente.
3.- La forma en que el peso del pasado en la vida de las personas, afecta a los seres próximos y lo que hacen los padres.
4.- La verdad que nos construimos, la verdad legal, la verdad conveniente y la verdad humana y sus múltiples dimensiones.
Para finalizar, ambas películas comparten la exploración profunda en cuanto a la ambigüedad de la verdad y la complejidad que representa la realidad humana, alejándose de respuestas fáciles o absolutas. El acusado nos persuade en la tensión entre la verdad jurídica y las incertidumbres de la vida real a través del proceso judicial de Nicolás Milik, donde la inocencia o culpabilidad se disputa con la sospecha. Por otro lado, Cuando llega el otoño presenta una mirada íntima a las múltiples verdades personales y familiares en un entorno de relaciones fracturadas, pérdidas y segundas oportunidades, mostrando cómo el pasado pesa y condiciona las interpretaciones y vínculos presentes. Ambas obras cinematográficas destacan por su apuesta a reflejar las grietas y contradicciones del alma humana, ofreciendo al espectador espacios de reflexión sobre el significado del amor, la justicia, la memoria y la verdad.
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