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Martes, Mayo 26, 2026

El arte es largo y la vida corta.

Fausto”

Novela de Johann Wolfgang Goethe

 

Para iniciar deseo hablar de la presencia y de la permanencia de las películas en nuestras vidas. De lo que diversos estudiosos han llamado la “inmortalidad del cine” por su capacidad para preservar las actuaciones, las historias, el retrato de la o de las épocas en las que se realizó una filmación; la experiencia que nos deja como público espectador ese tiempo que dedicamos a ver una película, que a su vez trasciende en el tiempo y la respuesta que representa el cine ante la mortalidad humana, lo corta que resulta la vida para cualquier persona y la posibilidad de “revivir” a nuestros personajes favoritos del cine al momento de ver una película “vieja” y que, como en el tema que ahora nos convoca, puede tener en los roles protagonistas a unos “viejos” que remueven sentimientos y emociones cuando los vemos y volvemos a ver.

Sus personajes e interpretaciones permanecen vivos para nosotros y para nuevos públicos. No han sido pocas las veces que al terminar de ver una película alguien diga “¿a poco ya se murió?”, si recién la o lo percibimos como si estuvieran aún en el plano terrenal. Recuerdo muy bien que de niño mis primos mayores me ponían a ver a Bruce Lee en sus épicas Operación dragón (Enter the Dragon. Robert Clouse. EU, 1973. 98 minutos), El furor del dragón (Meng long guojiang / Return of the Dragon. Bruce Lee, Hong Kong, 1972. 100 minutos) o El gran jefe (Tang shan da xiong. Lo Wei y Wu Chia-Hsiang, Hong Kong, 1971. 100 minutos) y no creía su versión de que ese actor al que admiraban por su dominio de las artes marciales, ya había muerto hacía mucho tiempo. Para mi estaba vivo, yo lo acababa de ver dando golpes a diestra y siniestra.

Si uno lo decreta, así puede suceder al ver los títulos que nos proponen los maestros Rafael Tonatiuh Ramírez y Armando Meixueiro en “La vejez en el cine”. ¿Cuántas veces tomé como referencias a Sara García y a Prudencia Grifel como la construcción ideal de las “abuelitas”? ¿Cuántas otras los hermanos Fernando, Andrés, Domingo y Julián Soler fueron mis íconos al momento de pensar en hombres “viejos”? Seguramente ni eran tan grandes como yo los veía, pero construyeron sus personajes muy bien y siempre los creí personas tan mayores que eran ejemplos de lo bueno, lo malo y lo feo de llegar a “viejo”.

Por una cuestión generacional, la frase de la actriz Mónica Bellucci, con la que intenta romper sus propios códigos sobre la vejez y que los maestros Rafael y Armando rescatan en el epílogo de “La vejez en el cine” sirve para dar paso a otras reflexiones sobre este afortunado libro.

He envejecido, me he atrevido a caminar por la alfombra roja con mi cara, con mi cuerpo, con mis arrugas, con mis ojos cansados, en definitiva, con todo lo que la naturaleza me ha dado. Sin dudarlo, sin complejos y sin darle la más mínima importancia a la opinión de estos seguidores de la eterna juventud”.

Que afortunada Mónica Bellucci de llegar a la tercera edad orgullosa de cómo luce a los 60 años, la realidad es que incluso para muchas actrices y actores la llegada de la tercera edad ni es un momento de celebración ni es la etapa en la que más trabajo tienen, si su presencia y permanencia en el cine dependía en gran medida de su aspecto, de su belleza en la pantalla, cabe decirlo con todas sus palabras, el cine es una de las industrias donde más se da cabida a la juventud y no tanto a la vejez, que a muchos directores les resulta incómoda de retratar.

Thom Cruise nació en 1962, tiene 63 años, y sigue lanzándose de donde sea necesario para cumplir su “Misión Imposible”. Arcelia Ramírez nació en 1967, apenas tiene 57 años, pero ella ya aceptó interpretar a Arcángela Baladro en “Las Muertas", la hermana mayor (ya a muy poco de ser una adulta mayor), la mente que impulsó los negocios de sexo servicio, en la más reciente producción del director Luis Estrada, basada en la historia de "Las Poquianchis".

Aquella Arcelia Ramírez, como joven narradora de la historia de su familia en “Como agua para chocolate”, dirigida en 1992 por Alfonso Arau, sigue adaptándose a lo que la industria cinematográfica requiere de ella y aporta su calidad histriónica, pero su caso no es tema generalizado, abundan los nombres de quienes nunca han vuelto a ser llamadas para una filmación porque no aceptaron adaptarse a otro momento, a otra época donde sacrificaron su aspecto físico.

Para seguir vigentes en el cine, a muchas actrices y actores se les sugiere darse un “refresh” facial, ya que la industria cinematográfica siempre demanda talento combinado con una estética agradable o por lo menos con estándares muy aceptables. Mónica Bellucci se interpreta a si misma en la serie de Netflix 10 por ciento (Dix pour cent. Fanny Herrero, 2015-2020), ahí ella se opone rotundamente a que el cirujano toque su rostro para cumplir las exigencias de un director que la quiere “revivir”, ante la promesa de una “gran película”.

Traigo a colación algunos nombres y la edad actual: Demi Moore 62 años. Sharon Stone 67 años. Michelle Pfeiffer 67 años. Meryl Streep 76 años. Susan Sarandon 78 años. Diane Keaton 79 años. Helen Mirren tiene 80 años. Kevin Costner 70 años. Pierce Brosnan 72 años. Richard Gere 76 años. Sylvester Stallone 79 años. Lo sé, son referentes del cine de Hollywood y no es esta la línea de ejemplos que prevalecen en “La vejez en el cine”, pero sirven como referencia para entender que hay una amplia lista de actrices y actores que han logrado dar el paso de ser los bellos protagonistas “jóvenes” a los “interesantes” protagonistas mayores. Todas y todos siguen vigentes en la industria. Ellas y ellos sí con mucho “refresh” facial… Si se quiere, se puede, parece ser la lección.

Para mi la presencia de los viejos fue afortunada en el cine y en la vida cotidiana. Tuve la fortuna de tener abuelos maravillosos de los que solamente guardo buenos recuerdos y los viejos que me tocaba ver en el cine eran, en muchos casos, menos felices que mis “viejos”. Eso sí, supe que hicieron muchas locuras, pero no se atrevieron a tanto como Marcello Mastroianni y Anita Ekberg cuando Federico Fellini los hizo meterse de nuevo a la Fuente de Trevi en su filme La entrevista, filmada en 1987 y que me tocó ver por primera vez en la sala del Teatro Javier Barros Sierra. Aquella película filmada en los estudios de Cinecittà, de Roma, donde Fellini relata sus memorias, sueños y reflexiones sobre el cine y su carrera, es para mí uno de los referentes de que el cine que retrata la vejez y sus enseñanzas puede ser muy atractivo e interesante.

Oh, varita de Mandrake, te lo ordeno de inmediato: haz volver los bellos tiempos del pasado». Son las palabras que pronuncia Marcello Mastroianni justo antes de dar un pequeño salto y mover su bastón para conjurar la emblemática escena. Hoy, ni Marcello Mastroianni ni Anita Ekberg están vivos, él falleció en 1996, ella en 2015, pero si deseo “revivirlos” en la escena en la que a mí me gusta ver a dos “viejos” transgredir las normas los veo en La entrevista de Federico Fellini.

De igual manera puede suceder con títulos como Nyad si quiero dar un referente de que nunca es tarde para cumplir los sueños. Antes de partir me deja ver a Jack Nicholson en un momento de plenitud de su vejez dando la vuelta por el mundo y no como está ahora, recluido por su enfermedad. Indispensable recomendar El chofer y la señora Daisy si la intención es analizar los temas del racismo en Estados Unidos y puntualizar que aun en la vejez es momento de aprender nuevas conductas hacia quienes consideramos diferentes.

La celebración es, ciertamente, un filme muy duro por el reclamo de los hijos adultos a un padre anciano, pero es indispensable para quien desee tomar como ejemplo un caso de que la justicia, en algunos casos, no tiene otra opción si no se toma de propia mano. Una vejez marcada por la pobreza es, sin duda uno de los peores escenarios y el caso de Yo, Daniel Blake; lo conocimos de cerca gracias a la Muestra Internacional de Cine, en la FES Acatlán. Lo mismo ocurrió con Camino a casa y esa ejemplar abuela que predica con el ejemplo.

En una época en la que ser viejo o vieja se ha reconfigurado en la vida cotidiana. En la que muchas conductas de esas personas que han llegado a la tercera edad también han dejado de ser figuras ejemplares, de incuestionable respeto e incluso el referente de lo correcto o lo incorrecto en las formas proceder en la vida pública o en la privada, resulta atractivo contar con “La vejez en el cine”, para recordarnos la importancia de valorar a los ancianos, en las múltiples formas en que los tenemos, por medio del cine y en nuestras vidas cotidianas.

Gracias, maestros Rafael Tonatiuh Ramírez y Armando Meixueiro por este repaso de filmes que resultan interesantes, ya sea para conocer o reconocer. Si algo me ha quedado claro es que a lo largo de mi vida si he visto cine donde la vejez está representada. Muchos de los títulos los vi y a muy poco de su estreno. Seguramente a muchos histriones los vi como personas de la tercera edad, pero en realidad no, eran mujeres y hombres en la plenitud de sus vidas, aprovechando que los roles se ajustaban muy bien para roles protagónicos.

Pero los casos donde tienen papeles secundarios es muy amplia y es cuestión de rascarle un poco… simplemente en casos como el de Isela Vega, que sí participó en películas como El Jeremías (Anwar Safa. México, 2015. 93 minutos), Mas sabe el diablo por viejo (José Bojorquez, México, 2018. 100 minutos) y Cindy la regia (Catalina Aguilar Mastretta y Santiago Limón. México, 2019. 108 minutos). Ella es ejemplo de cómo también se “envejece” en el cine, con pequeñas participaciones que son necesarias para visibilizar a los viejos, como lo hace eficazmente el libro “La vejez en el cine”.

 

Novel Alejandro González Orozco, es Técnico Académico Titular C. TC. Definitivo

Adscrito al Centro de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

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“pálido.deluz”, año 15, número 181, "Número 181. Desafíos docentes: De la oralidad a la escritura. (Octubre, 2025)", es una publicación mensual digital editada por Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, Ciudad de México, C.P. 11420, Tel. (55) 5341-1097, https://palido.deluz.com.mx/ Editor responsable Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández. ISSN 2594-0597. Responsables de la última actualización de éste número Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán y Armando Meixueiro Hernández, calle Nextitla 32, Col. Popotla, Delegación Miguel Hidalgo, CDMX, C.P. 11420, fecha de la última modificación agosto 2020
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