Entre la noche tranquila de un día de verano, al son de una tertulia que se oye a lo lejos de trabajadores de oficina que recaen sus fatigas al sabor de un buen café y con el paso de las horas que van trayendo la niebla, empieza la disminución de risas, y principia a acampar la calma para darle paso al sonido de grillos y luciérnagas que empiezan a iluminar, allí reposa mi cuerpo viendo el horizonte en ese balcón olvidado por lo años, me inspira el recuerdo, tus ilustraciones, los silencios y que en cada uno de ellos había una enseñanza. Abuelo Filo, soy tu Niño que ya creció un poco, que todavía cojea cuando tiene dudas, aquel de pantalones cortos remendados que ahora cambió su ropaje para lucir mejor, pero que siempre anda con dudas y cuando no las puede resolver evoca tu recuerdo pidiendo una orientación. Te cuento que seguí hablando con El señor Cury, el de Brasil y con Mendoza el de Colombia, el testarudo detective que se niega a convivir con sus demonios, el que protesta por el conformismo del mundo y del país y va siempre por respuestas.
Te escribo esta carta para decirte que los cuestionamientos siguen, a veces sin respuestas, pero no ceso de averiguar. Quiero decirte abuelo Filo que me rehúso a ir por el camino que todos van, no porque considere que es incorrecto, sino por la incapacidad algunas veces de pensar, de criticar, de hacer preguntas por lo que sucede. Esta semana ha llegado en repetidas ocasiones un personaje de la historia, un tal Judas el de la región de Keriot. el que venía del sur de Hebrón, sí, aquél que sin ser galileo pudo integrar el grupo de los 12, del gran Maestro bien mencionado por una religión y que después de cinco conversas con el psiquiatra Cury me detuve a pensar más allá del acontecimiento y las significancias de su actuar y proceder en medio de su famosa traición que terminó en suicidio y que hoy por hoy, cargan el apelativo de Judas todos aquellos que actúan de formas poco recomendables socialmente dando significancias diversas al dinero, pero también a los besos y abrazos cuando se sienten que son sin honestidad. El tesorero del grupo de discípulos, el encargado de las finanzas, el que era visionario, ambicioso, amigo, traidor, a veces hoy es más tomado en cuenta que el mismo maestro que lo acompañó durante 3 largos años.
Pero realmente Abuelo Filo, ¿fueron solamente 30 monedas de plata?, por qué nadie se detiene a mirar cuál era el valor de la plata en el contexto social romano en la época de Jesús, ¿nadie averigua, por ejemplo, que esas monedas pesaban alrededor de 432 gramos y que con ellas se podía hasta comprar un campo para un cementerio? ¿Por qué casi nadie menciona que, si bien pudo ser la cifra del pacto dudoso que hizo para que reprendieran a su amigo, fue la misma cantidad que él devolvió? ¿Por qué nadie cuestiona que a pesar de la transacción él también fue traicionado? Esto que pregunto genera repudio en los más creyentes, pero ¿por qué no dar la oportunidad al personaje de estatura media, moreno de cabello oscuro de contar su propia versión al menos para saber qué fue lo que realmente pasó?
En conversa Literaria con el legendario Cury me comenta que Judas era el más equilibrado del grupo y yo le creo, siendo Jesús no le entregaría la bolsa del dinero a alguien que no fuera del todo cuerdo. Estas palabras me llevan más allá y me hago el siguiente cuestionamiento, “¿Ser educado no garantiza una actitud correcta frente a los acontecimientos?” y el tener al mejor maestro de todos los tiempos en los labios, ¿no garantiza la cercanía a él?
¿Qué tal Abuelo Filo que las treinta monedas fueran una enorme fortuna para la época? ¿Ese sería el precio de una amistad? ¿Es el precio que alguien pagaría para silenciar la voz del que piensa distinto? Pocos hablan de la confrontación que tuvo Judas con los que negociaron con él solo se limitaron a silenciar su voz en el olvido y él tomó la decisión fatal de acabar con su vida, al parecer su propia culpa fue lo que motivó el suceso. ¿Entonces dónde estuvo su error?
Para mi querido abuelo la falla estuvo en no tener la capacidad de corregir a su amigo, ¡tanto! que insistió en su escuela, en la “corrección fraterna”. Cuando uno delega aquellas cuestiones de las cuales soy responsable y decido hacerme al lado cuando debo enfrentarlas para pasar desapercibido y no involucrado, puede pasarle lo que le sucedió al de Keriot. Para mí, le dio demasiada importancia al “qué dirán” porque en ninguna parte de la escritura dice que alguien lo confrontó, fuera de Jesús, el día de su entrega cuando le dijo “amigo, ¿con un beso me entregas”? En realidad ¿pesa tanto el suponer lo que otros dicen sin saber qué es lo que están pensando?
Abuelo Filo, te escribo para escuchar tu opinión al respecto, todo lo que soy se lo debo a tu sabiduría y me gustaría escuchar tu opinión a mis cuestionamientos. Me llamarán en cualquier lugar Judas, pero cuál de ellos: ¿El visionario ambicioso? ¿El extranjero que quiso aportar al grupo selecto escogido por el maestro? ¿El equilibrado que todo lo ve perfecto y nada le duele? ¿El que es capaz de tranzar pactos con otros así sea traicionado por ellos? ¿El que enfrenta a sus agresores así lo manden a callar y quedar condenado en el olvido? ¿Aquel que es capaz de abrazar y besar en la mejilla a su amigo para no agrandar más el problema? ¿Voy por buen camino? ¿Debo callar para no meterme en problemas? ¿Debo seguir por donde todos marchan sin preguntar? ¿Por qué somos tan judas cuando se presentan las oportunidades? ¿Es acaso por el valor monetario o por querer aparentar que puedo o será acaso por las ganas de poder?
Desde este balcón frío que ve llegar el amanecer, se despide tu Niño que nunca deja de preguntar para poder aprender.
Salud.
Referencias
Biblia de Jerusalén (1984). Edición pastoral con Guía de lectura. Desclée de Brouwer. Cury, A. (2007). Padres brillantes, maestros fascinantes.
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Cury, A. (2022a). El futuro de la humanidad. Océano.
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Mendoza, M. (2021). Diario del fin del mundo. Océano
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