Las virtudes no se producen en nosotros ni por naturaleza ni contra la naturaleza, sino que nosotros, que naturalmente podemos recibirlas, las perfeccionamos mediante la costumbre. Primero adquirimos como capacidades todo lo que nos da la naturaleza, y luego lo traducimos en actividades, como se manifiesta en los sentidos: no por mucho ver o mucho oír adquirimos las facultades sensibles ( …) Seremos justos o injustos según la conducta que tengamos en la relación con los otros hombres; y según cómo nos comportemos ante los peligros, esto es, que nos acostumbremos a mostramos miedosos u osados, seremos valientes o cobardes.
Aristóteles. Ética nicomáquea, libro II